30.5.05

Sorpresa

Se hizo sin mucho ruido, con todo el disimulo de que fuimos capaces, teniendo en cuenta que este chico está rodeado de amigos bocazas. La noticia corrió de boca en boca, entre susurros y promesas. Y él no se enteró de nada.
Llegó el gran día y todos fueron apareciendo, sus amigos del barrio, sus familiares más queridos, el grupillo de la universidad, toda su retahila de ex, con las que siempre suele llevarse bien, su lista de amores imposibles, que también son unas cuantas y que lo adoran, Emilio, Javier, Edgar, y algunos otros incondicionales del bar, nuestros muy queridos y respetados parroquianos.

Colocamos un montón de estupideces de adorno, de esas que indican de forma inequívoca que estamos de fiesta. Apagamos las luces cuando el espía nos avisó de que venía caminando por la calle, con su perilla y con su melena al viento.

Al entrar ya se dio cuenta de que pasaba algo raro, y todos gritamos al mismo tiempo ¡¡sorpresaaaaa!! Yo, que creo conocerlo un poco, tengo la sensación de que se emocionó. Repartió abrazos y besos, con risotadas y carantoñas. Estaba muy feliz. Aunque yo se que se lo merece, a veces a él se le olvida lo mucho que le debemos sus amigos. Verlo rodeado de tanta gente que le quiere me hizo sentirme orgullosa de él. Mirándole tuve uno de esos momentos-lagrimilla.

Cuando la fiesta estaba en pleno apogeo, vino un tipo algo extraño, bajito y con esa mirada pacífica pero traicionera. Me dejó una tarjeta para él en un sobre que decía:
"Ya eres como Rick. Firmado: Frutos"
Salió por la puerta sigilosamente entre el gentío y él no pudo verlo.

Feliz cumpleaños, compañero del alma, compañero.


27.5.05

Clonk

Hace unos días que Teresa no viene, con sus prisas, con sus aventuras y con sus razonamientos sobre el género humano, más concretamente sobre el masculino.
Pero Javier en cambio se pasea por aqui más a menudo. Y yo no estoy segura, pero me da la sensación de que ahora se afeita a diario, y viene con el pelo mojado y la raya cuidadosamente trazada.

Un día, aprovechando que Gusarapo salía a hacer un recado, me hizo un aparte, y meneando su cerveza mañanera me preguntó, con esa sutileza que le caracteriza, "¿Aquella morena cachonda que estaba el día del partido hablando contigo es amiga tuya?" Yo, por solidaridad, me puse inmediatamente a la defensiva. "Si, es amiga mía", le contesté levantando la nariz y desafiándole a que hiciera un solo comentario más de ese tipo si quería salir del bar con esa rayita del pelo chorreando cerveza.
"Ya..." Javier se rascó la barbilla mientras miraba hacia la puerta, como preocupado de que alguien pudiese enterarse de lo que venía a continuación. "¿Y tú dirías que está con alguien? ¿Casada o algo así?"
"Pues no lo se Javier, casi mejor cuando venga se lo preguntas a ella".

El se quedó sentado en la barra meditando, supongo que sobre si alguna vez tendría el valor suficiente. Yo seguí con mis cosas con una sonrisilla.

Cuando Gusarapo volvió se quedó mirando para mi otra vez con esa cara que pone cuando se siente inseguro. No acabo de entender lo que pasará por su cabeza, pero si se cree que voy a ser yo, una vez más, la que rompa el hielo, va listo.

Hombres...


26.5.05

Sigh

Octavia sigue sin hablarme más que para dedicarme una frasecita de consuelo o dos. Se acerca la hora punta, la hora en la que más clientes viene, y ella sigue sin decirme nada. Se ha limitado a mirarme, meterse en el cuartito trasero y a ponerme algo de Nick Drake. Algo melancólico.

No sé qué psicólogo escribió eso de las distintas fases de una crisis. Eso de negación, aceptación y no se qué. Hoy le golpearía en la cara y le preguntaría cuantas etapas creía que había tenido mi guantazo. Sólo tres: antes, durante y despues. Y el despues se me hace muy cuesta arriba.


25.5.05

Crash

Ayer cometí un error, un grave error, un enorme error. Una estupidez, una metida de pata. Una de esas cosas que en su momento lo parecen todo pero cuando terminan se convierten en un grito. El día de ayer ha martilleado en mi cabeza y ha dado vueltas como un buitre, y al final mis dedos se han relajado cuando deberían haber estar agarrando con fuerza.

Se ha hecho el silencio de repente. Todo el bar me ha mirado. Los dos abuelos se han detenido en mitad de pares. El niño se ha quedado mirando con los ojos abiertos. La parejita adolescente ha despegado sus labios y ha parpadeado. La ludópata se ha despegado ligeramente de su amor. Los habituales se han sonreído. Octavia me ha mirado sin hablar. Y despues todo ha continuado.

He sacado recogedor y cepillo y he comenzado a recoger los fragmentos del vaso. Y me he preguntado quién va a recoger los fragmentos de ayer.


22.5.05

La mesilla

Esta mañana, antes de irme a trabajar, mientras me ponía la cazadora para salir a la calle, he visto encima de mi mesilla de noche un objeto inofensivo: un paquete de chicles acabado, apoyado sobre uno de sus lados, con la tapa entreabierta. El sol de la mañana entraba por la ventana y rebotaba sobre él, convirtiendo parte del plástico protector en un resplandor arcoiris.

Mientras me iba acercando hacia la mesa he pensado que ahí inclinado en mitad de un mar de cristal parecía un pecio, un resto de naufragio al que iba a lamentar acercarme.

Cuando he extendido la mano para cogerlo he pensado que hacía mucho que no compraba chicles, y que seguramente pasaría mucho más hasta que volviera a comprarlos.

Cuando por fin me lo he acercado a la cara y he respirado a traves de él he pensado que no olía a chicles, sino a perfume. Un perfume dulce, levemente afrutado, algo ácido.

Lo he dejado de vuelta en la mesilla con un suspiro, y con otro suspiro lo he archivado en mi colección de recuerdos mientras salía a la calle, en la M entre Maravilla y Melancolía.

A partir de ahora los chicles con olor a perfume de frutas me recordarán a tí.


20.5.05

El espejo

Entró como una tromba en el bar a contarme que hoy se había aprendido de memoria un poema. "La princesa está triste, que tendrá la princesa, los suspiros se escapan de su boca de fresa...". Llevaba la mochila al hombro, el pelo suelto, muy peinado y las muñecas llenas de pulseritas de plástico. Se notaba que iba con prisa, porque era la hora de comer, y el bullicio que llegaba de la calle era el de una estampida de niños saliendo del colegio.

En ese momento Gus entró por la puerta.
-Octavia, va a haber que ir pensando en lo de poner la terracita ya. ¿Cómo lo ves?

La pequeña lo miró y su cara se tornó color amapola. Gus se extrañó un poco al verla tan colorada, la saludó con una sonrisa y entró hasta la cocina. Ella me miró, murmuró un "adiós Octavia" y se marchó corriendo igual que había llegado. Lo cierto es que me dio la risa, pero me contuve. Al fin y al cabo hacía dos o tres años, yo, delante del hombre más guapo y más interesante que he conocido, invariablemente me ponía roja y empezaba a tartamudear. Y nunca conseguí cruzar más de dos frases seguidas con él, y no fue porque el pobre no lo intentara.

Me enterneció la taquicardia de la niña, y también me enterneció el desconcierto de Gusarapo.
Y me quedé con cara de tonta mirando por la ventana.
Maldita primavera.


17.5.05

Vivir para sentir

No sé cómo se llama porque no ha venido más que un par de veces por aquí. Octavia comentó que el niño era una ricura, pero a mí todos los niños a esa edad me parecen iguales: perfectos para un ratito.

Esta mañana el chavalín iba corriendo por el bar con los brazos abiertos y haciendo ruiditos con los labios, seguramente convertido en avion o aeroplano, cuando de repente se ha caído. No sé si ha tropezado con una silla, se ha pisado el cordón de la zapatilla o una combinación de las dos anteriores. Cuando su madre lo ha levantado del suelo, el chavalín la ha mirado con cara ofendida, con cara de "con lo bien que me lo estaba pasando y ahora me pica la nariz", y ha comenzado a hacer pucheros.

Edgar le ha mirado por encima del hombro y ha comentado con voz ominosa: "Llega un momento en el que dejas de llorar por el dolor externo y sólo te logra sacar las lágrimas el interno". El abuelete Emilio le ha respondido: "Beh... Llega una edad en la que no te sacan las lágrimas ni por esas..."

Curiosa clientela...


16.5.05

En realidad no importa

Le envidio esa capacidad. Se pasa horas aqui, al salir del trabajo, con una o dos cervezas, hasta que la calle se pinta de negro, y es entonces cuando decide irse a casa.
No tiene problemas, nada le preocupa aparentemente, no se pregunta el porqué de las cosas,dice que ya entendió todo lo que tenía que entender, y que lo demás no importa. Y así pasan los días, el invierno y el verano. Y él sigue adelante, siempre contento, sin necesitar nada ni a nadie. Yo muchas veces le he preguntado como lo hace, porque a mi las cosas más insignificantes a veces se me hacen muy cuesta arriba, pero él dice que siempre fue así, que es una filosofía que no estudió. Ni siquiera tuvo que molestarse en meditarla.

Y desde el otro lado de la barra, a veces me pide que le ponga una canción.
Hoy me ha pedido "La gota de rocío". Y me ha dicho que sólo aspira a la más pura simplicidad.
Se la he puesto.


11.5.05

Vivir para contar

El niño hablaba sin parar. Explicaba un dibujo que había hecho en el cole, lleno de rayas negras y rodeado de más rayas de colores. Su madre lo escuchaba con paciencia, mientras el niño explicaba lo que había ocurrido con la nave espacial que al parecer había construido con todas esas rayas.

Y la madre recordaba cómo ella hace años era capaz de inventarse las historias más largas y fantásticas a partir de un puntito en la pared, cuando estaba aburrida. Y recordó que sus primas le pedían todos los veranos que les contara historias de amor en las que ellas eran las protagonistas, y como hablaba y hablaba, inventando, hasta que se quedaba dormida. Y recordaba también lo que le contaron de cuando cogía el periódico y se inventaba las noticias porque todavía no había aprendido a leer. Y la voz su hijo se hizo más lejana, mientras ella reflexionaba, y se preguntaba a dónde se marchó aquella imaginación, dónde estaba, porqué ya no la encontraba tan a menudo como antes. Y no conseguía recordar el momento exacto en el que empezó a perder la capacidad para soñar. Y sonrió mientras miraba a su hijo, que hablaba con muchos aspavientos y la miraba con esos ojos inmensos. Después de veinte minutos, por fin el niño había terminado de explicar el porqué de su dibujo lleno de rayas hechas con plastidecor. Resuelto, se subió con cierta dificultad a la silla y le dio un sorbo a su Fanta de naranja.

Su madre se levantó a pedir otro café y le limpió la barbilla con ternura.
"Cuéntamelo otra vez, anda..."


10.5.05

Javier hoy tenía tiempo

Pues no sé por qué te ríes de ellos. La verdad es que cada vez veo más parecido entre los pastilleros y los que se meten a budistas o a comunistas. No sé: quieren pasar el tiempo que tienen en este mundo de forma monocorde y en estado extático. Puede que sea consecuencia del mundo actual: demasiado agresivo e hiriente. Así que o te haces de juventudes, o te crees anarquista, o te sacas el carné del Athletic. Pseudoideologias, iconografías, filosofías de baratillo... Niñatos con más ganas por firmar la A por paredes que por pararse a pensar sobre la implantación del estado ácrata. Fíjate si no que las filosofías alternativas cada vez son más personales: menos cambiar el mundo y más cambiar el yo. ¿Suena bien, no? Una buena idea. ¿Y por qué el cínico que llevo dentro me dice que es una manera de calmar la conciencia? ¿De aceptar que al final el mundo va a acabar igual que lo dejaron? No sé, al menos los pastilleros no se engañan. En fin, que ya te he deprimido bastante por hoy con mi existencialismo agroman. Me largo, que al final me van a echar y sin comer sí que es difícil vivir. ¡Apúntamelo!
Gracias especiales a Tony


9.5.05

Teresa y los centros comerciales

Apareció un viernes por la noche con cara de mucha prisa y mucho estrés.
-Sientate, que te pongo algo, que me agobia solo verte, caramba.-
-Ay, es que vengo atacada, de verdad, atacada de la vida vengo.- Me contestó con ese tono de voz agudo que suele acompañar alguna de las historias divertidísimas que siempre le pasan a ella. Se sentó en la barra y le puse una caña.- Vengo del Alcampo, y he descubierto que esos sitios han sido fabricados para hacerla sentir a una fatal.-
-Cuenta.-
-Pues nada, tenía que ir a comprar unos altavoces para el ordenador, y entré con toda la disposición de no dejarme engañar por las técnicas de marketing, por lo que cogí una cestita pequeña (nada de carritos, que nos conocemos), para encontrar mis altavoces y largarme de allí. Pero claro, me dije a mi misma, casi que ya que estoy aqui me compro algo para comer este fin de semana. Cuando ya me empezaba a pesar bastante la mierda de cesta que llevaba, me empecé a enfadar, porque deambular por estos sitios es la perdición, y me tenía que ir en autobús a casa, y a mi alrededor todo eran parejas enamoradísimas con unos carros enormes llenos de todo lo que a mi me hacía falta, con unos chicos grandes con brazos fuertes, guapos y listos, y con las llaves del coche en la mano. Y allí estaba yo, en medio de tanto amor y tanto vehículo autopropulsado, con mi cesta a rebosar de horchata de chufa y de yogures y de mis altavoces nuevos, que ya de por si pesaban un huevo.-

Mis risas escandalosas la interrumpieron y me miró con ojos acusadores. Gus salió del almacén.
-¡Hola, Teresa! ¡Cuanto tiempo! ¿Cómo estás?.- Gus vió mi rostro congestionado por la risa y añadió mirándola cauteloso.-¿Qué te ha pasado esta vez?-.
-Nada, le estoy contando a esta lo agobiada que estoy y mirala...-
-Ay, perdoname, sigue, sigue.-
-Bueno, pues como iba diciendo, allí estaba yo con mi cesta. Decidí que iba a ser una mujer moderna y que los del Alcampo me iba a llevar la compra a casa por mis cojones. Entonces ya me desaté, que si leche, que si una radio, que si tal y cual, pero sin carrito. La única opción logística que tenía era darle patadas a la caja de leche, mientras con una mano cogía la cesta y con la otra la caja de la radio y el bolso. Preciosa estampa. En ese momento me crucé con Pedro Duque. Os lo juro que era él. Y me miró con cara de pena. Le odié un poquito, pero poco porque tiene cara de bueno, y es guapo el jodío. El caso es que de esta guisa llegué a las cajas y me puse a hacer la cola. La cajera, encantadora y agotada la pobre, me pasó toda la compra y me dijo que faltaban seis euros para que me pudieran llevar la compra a casa. ¡¡Así tan tranquila!!, ¡¡en mi cara!!.-

Gusarapo la miró conteniendo la risa. Yo ya me reía agachada detrás de la barra desde hacía un rato, pero Teresa no me hizo ni caso. Una de las razones por las que las mujeres adoran a Gus es por eso, porque es un chico de lo más considerado.

- Sólo me quedaba utilizar mi táctica de rejuvencer unos añitos, hacerme la tonta y pedirle por favor por favor por favor te lo pido, que me anulara la compra y me dejara volver a por otra cosa para que me la pudieran llevar a casa. Le di pena y me dejó. A mi me dio pena ella, por el trabajo que le estaba dando, pero era una cuestión de supervivencia capitalista. Entré de nuevo, cogí un libro, y volví a hacer la cola. Pasamos todo, pagué, me lo metieron en cajas, y mañana me lo traen a casa. Fin de la historia. Bueno, mentira, la historia terminará cuando vaya a ver el saldo de mi cuenta y me ponga a llorar. Pero a lo hecho pecho, y si Bush decide que lo mejor va a ser una guerra mundial, o algo así de constructivo, yo tendré una despensa llenísima, para poder sobrevivir sin salir de casa, lo menos lo menos... dos días, que cuando me pongo nerviosa me da por comer.-


6.5.05

Tekeli-li

Un nombre es algo muy serio. Un nombre no es un mero identificador, una simple etiqueta arbitraria, no. Un nombre te define. No del todo, sino que es más bien como tu troquel, ¿sabeis?, accesorio pero exactamente con tu forma. Y muchas veces un nombre te llena mucho más de lo que tú inicialmente puedas llenarlo a él.
Y este era el caso de Edgar. Su madre, antigua cinéfila progresista de las de Parka y Cahiers, le había puesto ese nombre pensando en Edgar Neville y esperando que su retoño se contagiara en algo del genio y lograra trepar a la alta burguesía -que ser de izquierdas es una cosa pero ser gilipollas otra muy distinta.

Pero el pequeño Edgar había salido algo diferente a lo que esperaba su mami: delgaducho, de piel cetrina, de pelo lacio, de mal comer, al que nunca elegían para jugar al fútbol en el recreo pero al que los macarras del colegio parecían temer. Amigo de los adjetivos rimbombantes, los adverbios sonoros, el vocabulario caduco y los monólogos sombríos. Amante de cuervos, gatos negros, ventanas altas, juegos de sombras y suspiros largos. Que había logrado tener una relación tormentosa a los doce años de edad, se había preguntado sobre el trágico horizonte que nos espera al final de nuestro día durante su primera excursión al Zoo de Madrid y que se había dejado perilla afilada en cuando le había comenzado a cambiar la voz. Y todo esto, por supuesto, muchos años antes de que su profesora de Inglés de BUP le regalara El Cuervo de su tocayo Poe.

El otro día Edgar se preguntaba -a eso de la cuarta Mahou- cómo habría sido su vida si su madre hubiera sido florista y le hubiera llamado Jacinto...


5.5.05

Las cosas de la vida...

Es algo que me gusta de este trabajo. Que te permite deslizarte un ratito en la vida de los demás. Y compartes, desde la barrera, momentos amargos y dulces con la gente que pasa por aqui.

Ayer había unas señoras tomando un café, y una le preguntó a la otra "¿Y tú entonces eres viuda?", a lo que la otra contestó con decisión y desparpajo, "Felizmente, querida". Esta respuesta dejó a la primera un poco descolocada. "Vaya, pues yo también soy viuda, aunque no tan felizmente". La otra meneó la cabeza, "¿Hace mucho?". "Un par de años va a hacer el mes que viene". "Ah". La señora que había preguntado primero, con un guiño travieso volvió a la carga "¿Y cuanto llevabas casada?". "Pues más de veinte años". "¡¡Pues si que tardaste en matarlo!!". Y las dos se echaron a reír a carcajadas. Yo también me eché a reir, no lo pude evitar.

Pero últimamente me tiene intrigada una pareja que viene, se piden te y manzanilla, se sientan en una mesa, abren un periódico él y un libro ella, y después de veinte minutos exactos, sin haberse dirigido la palabra, se van. Son bastante jóvenes, y al llegar y al irse siempre van cogidos de la mano. Supongo que si no están casados, se irán a casar pronto, y me pregunto cuanto tiempo tardarán uno de los dos en decir lo mismo que la señora de ayer.