28.6.05

Fiesta

Estoy tomando café en un bar al que no había venido nunca. Es agradable, para ser sincero ahora lo encuentro un poco sombrío, hace mucho calor y hay poca gente. Bah, da igual, al fin y al cabo es un bar. Me leo mi periódico, y le pido otro café al camarero, al que se le ve muy serio y profesional, moviéndose de un lado para otro dentro de la barra.

De pronto llega una mujer, como una tromba:
-¡¡Gus!! ¡¡que hemos ganado!! ¡¡que por fin hemos ganado!!-. Y lo abraza y lo besa.
Él se rie y la felicita.
-Enhorabuena, no me extraña que estéis contentos. Pero... ¿quienes habéis ganado?.- Le pregunta con un tonito de cachondeo.
Ella se queda parada un segundo, para luego soltar un discurso:
-Bueno..., nosotros. Los que queríamos algo mejor. Los que queríamos que muchos culos dejasen de crecer a costa de nuestras carballeiras, de nuestros mejillones, de nuestras playas de arena blanca, de nuestras piedras, de nuestras negras sombras, de nuestras huidas en busca de pan y de leche, de nuestro idioma, de nuestra cultura. Los que crecimos con la televisión gallega, ¿sabes? No se si me alegro más de que se vaya Fraga o de que se vaya Gayoso. Jajajaja!!.- Y reía mientras se servía un vaso de agua.
-Octavia, ¿quién es Gayoso?.-
-Pues un presentador de la televisión gallega, un pequeño dictador, un tipo que me cae muy mal.- Contestó ella con una inmensa sonrisa.

Les sonrío a los dos mientras pago mis cafés y recojo mis cosas para marcharme. La miro un momento antes de salir, y le digo con un guiño.
-Xa era hora, por fin os botamos.-
Ella sonríe ampliamente. Ahora se iniciaría la típica conversación entre gallegos. Que curioso esto de los gallegos, estamos por todas partes. Es imposible ir a una ciudad donde haya alguno. Y muchos hoy estamos contentos. Pero no tengo ganas de conversación, así que me despido con una inclinación de cabeza. Tengo algunos años más que ella y se que puede que las cosas no cambien tanto como ella espera. Pero no quiero decírselo, porque envidio su alegría absoluta, porque me gustaría no ser tan escéptico.

-Tenemos que hacer una fiesta Gus...- La oigo decir antes de que se cierre la puerta.


23.6.05

Sarabá

Antes de trabajar en el bar yo trabajaba en un sitio grande, de moda, impersonal. Una de mis compañeras de trabajo era una brasileña negra como el azabache, altísima, de sonrisa amplia y cuello largo, dew rostro perfecto. Parecía una diosa africana. Siempre llevaba alrededor de su cuello de ébano un collar de cuentas que parecía de inspiración africana y sobre el que sus compañeras bromeaban preguntándole si era algo de santería. Nunca intercambié demasiadas palabras con ella: en los cambios de turno a veces bromeábamos entre nosotros y alguna que otra vez intercambiábamos miradas de complicidad cuando algo divertido pasaba al otro lado de la barra. No tuvimos tiempo de tener ni siquiera una conversación seria, pues apenas un mes despues de que yo comenzara a trabajar allí ella dejó su puesto. Una semana antes de que ella se fuera, mientras yo cerraba la barra, ella se acercó a mí y me dijo con su cantarín acento brasileño: "Cuando me vaya te quiero dar mi..." -y aquí añadió una palabra que jamás he podido recordar pero que a juzgar por sus gestos se refería a su collar de cuentas. "Siempre que te he visto has estado sonriendo y siempre me has mirado a los ojos. Me has alegrado un poquito el día cada vez que has aparecido por aquí, y eso me gusta. Por eso quiero que lo tengas tú". Y con una sonrisa de satisfacción y una palmada en mi espalda quedó el trato sellado.

Hace tiempo que nadie me regala collares.


14.6.05

Verdes y blancos

Ayer vino al bar un chico que hace mucho que no venía. Me ha contado que se ha dado la vuelta al mundo con una mochila al hombro y unos cuantos billetes de avión. Estaba cambiado, lo he visto más delgado, más mayor, con los ojos todavía más bonitos de lo que los tenía antes. Es de este tipo de chicos que te miran como si sólo existieras tú sobre la faz de la tierra. Que vale, que luego a la vecina del quinto la miran igual, pero a mi que me importa la vecina del quinto, digo yo.

Ha tomado un café, y me ha contado que ahora empezará a trabajar en una multinacional de esas punteras, de esas en las que se trabaja de sol a sol, pero creyéndose importantes. Lo cierto es que hizo ese viaje (el viaje de los sueños de muchas personas, entre las que me incluyo) en el momento más adecuado, cuando tenía suficiente dinero, tiempo de sobra y esa edad en la que el futuro no da miedo.

Menudo contraste, de pisar la selva y el desierto a trabajar en un rascacielos.
Menudo contraste más feo.


9.6.05

Nice guys die alone

Era primera hora de la mañana y estábamos solos Javier y yo. Bueno, tambien estaba Cheng calentando la tragaperras, pero ya prácticamente le considero parte del mobiliario del bar. Eso de que Javi ahora se pase por aquí antes de irse a currar me viene bien, porque me ayuda a despejarme y a empezar el día con una carcajada. No sé cómo acabé hablándole de mujeres y de esas cosas. He tenido mejores momentos, y peores tambien, pero la cantinela que yo le estaba contando ya era vieja:
- Venga, ya sabes a qué me refiero. No me digas que no me puedo quejar. Estoy rodeado de casis, de ningún entero, y ya me cansa. A esta le encanta acostarse conmigo pero no quiere oír hablar ni siquiera de ir a tomar el café juntos. A esta otra le encanto de manera platónica pero tiembla ante la idea de que le ponga un dedo encima. A esa otra aparentemente le encanto de todas las maneras posibles pero, ah, no quiere estropear una amistad que yo no he pedido. Aquella otra... esa no sabe ni lo que quiere y me lleva de lado a lado intentando sintonizarla. Me canso, tío, me canso mucho. Que me he pasado toda la vida así...
Javier me echó una ojeada y dejó el Marca sobre la barra:
- Es el efecto JASP.
Me eché a reir:
- No me acordaba de ese anuncio, mira.
- Pues eso mismo. Desde arriba nos han vendido una juventud que consiste en salir de fiesta constantemente con nuestros grupos de amigos, alternar con supermodelos en nuestros coches deportivos, ser descaradamente interesantes e ingeniosamente sabios, tener un cuerpo fibroso y vestirse a la última, reirse de la autoridad con desparpajo, correr por las aceras de Sunset Boulevard riéndonos con nuestras sonrisas perfectas, correr por las escaleras de incendios de noche y de día subirnos a las farolas para mirar con nuestras gafas de sol de marca, tener puestos de responsabilidad donde con un clic ordenamos que nos aparezcan mapamundis en la gigantesca pantalla de plasma de la oficina... y luego nos tienes a tí y a mí, con menos de 30 años y currando como tontos, y exigiendo esa juventud que se nos ha prometido.
- Ya, y con las mujeres pasa igual, ¿no?
- Sí, tío. No con ellas, sino con las parejas. Desde tu madre hasta Steven Spielberg te han vendido una idea de pareja concreta. Una de ir a la montaña rusa de adolescente y salir a echar una copa los sábados por la noche de más mayores, de tener dos niños y gas ciudad, de desayunar zumos de fruta en tu inmensa cocina, de pagar tu hipoteca con cariño y la ayuda de la majísima directora de la caja... y ahora lo exiges. Te han engañado y te rebelas... Acepta lo que tienes, tío. Mucha gente pagaría por ello. Yo mismo, que no tengo quién me aguante de ninguna de las maneras...
Javi sonrió de medio lado y se echó el azúcar en el café. Le miré fijamente y suspiré. Nunca sé qué decir cuando sé que mis amigos tienen razón pero aún así no me convencen...


7.6.05

Más de lo mismo

Cuando llegó, bastante tarde ya, no pude reprimir una mirada de súplica. Me dolía todo el cuerpo y estaba deseando cerrar el chiringuito e irme a casa.
-Agotada, ¿no?, bueno, no te preocupes, te ayudo a recoger y acabamos en un segundo.
Y lo cierto es que acabamos enseguida, pero como debí haber sospechado, Teresa ya se estaba sirviendo una copita para ella y otra para mi. Me miró con una amplia sonrisa y me dijo:
-Así se acaba mejor el día.-

Nos servimos algo de fruta en un bol, que digan lo que digan pega muy bien con el ron, y nos sentamos a una mesa.
-Verás cariño, estoy harta de los hombres.-
Primer atragantamiento de la noche.
-No, esta vez es en serio, verás, el otro día quedé con un chico con el que salgo a veces. Sí, mujer, uno que es un poco raro pero con el que me divierto. La cosa es intrascendente, pero nos lo pasamos bien. O eso creía, porque ese día, cogiendo mi mano y mirándome muy serio me dijo que lo nuestro no tenía futuro, que él no quería una relación estable, que bla bla bla de los cojones etcétera etcétera. Pero lo más indignante es que me lo decía como si yo le hubiese propuesto matrimonio, ¿sabes? Como si yo quisiera pillarlo o algo así. ¡¡Pero si sólo nos acostamos de vez en cuando!! Tengo muy claro que no compartimos nada, pero lo que me jode es que esos son prejuicios de mierda, ¿sabes? Prejuicios de épocas pasadas en los que para nosotras el matrimonio era cambiar de dueño.
Pero algunos no se dan cuenta de que las cosas no son así. De que hay determinados tipos de los que nos olvidamos en el mismo instante en que salen por la puerta del dormitorio.-

Las dos nos quedamos en silencio un rato.
-¿Sabes en qué pienso mucho últimamente?- Le dije.
-¿En qué?-
-En las manos de mi abuela. Estaban muy arrugadas, y eran muy suaves. Toda la vida trabajando y tenía unas manos muy suaves. Recuerdo que siempre me acariciaba la cara. Me la cogía con las dos manos y me besaba. Mi abuela siempre olía a comida, y a crema hidratante.-
Teresa me miró bastante desconcertada:
-¿Y eso a qué viene? A veces tienes unas cosas...-
Sonreí y miré al fondo de mi vaso.
-Bueno, venga, sígueme contando...-


4.6.05

El meme

Ayer por la tarde dos clientes habituales dejaron en nuestro tablón de anuncios una hojita con unas cuantas preguntas musicales, para que quien quisiera lo fuera rellenando. Aqui están nuestras respuestas:

1. Tamaño total de los archivos de música en nuestro ordenador:

Octavia: 2,12 GB (ejem)
Gusarapo: Unos 100 MB, ya que hace poco formateé, pero tengo unos 12 CDs de MP3 por ahí.

2. Último disco que me compré:

Octavia: Eco2 de Jorge Drexler
Gusarapo: Toxicity de System Of A Down

3. Canción que estoy escuchando ahora:

Octavia: M, de los Piratas
Gusarapo: Rearviewmirror, de Pearl Jam

4. Cinco canciones que escucho un montón o que tienen algún significado para mí:

Octavia: Es como si me preguntan por mi película favorita, la lista depende de millones de cosas.
Hoy escojo esta:
- Disneylandia, de Los Burros
- Oleo de una mujer con sombrero, de Silvio Rodriguez
- Yellow, de Coldplay
- Aquellas Pequeñas Cosas, de Serrat (en realidad de Serrat me valdría cualquiera).
- A Garota de Ipanema, de Vinicius de Morais y A.C. Jobim (jijijijijiji)
No vale, ¡¡me faltan muchas!!
Gusarapo: Qué pregunta más difícil. A ver las cinco que se me ocurren:
- Lithium, de Nirvana. Representó todo un estado emocional para mí.
- Where Is My Mind?, de The Pixies. La única cancion que despues de tantos años aún me pone los pelos de punta como la primera vez.
- Pequeña Serenata Diurna, de Silvio Rodríguez. Tambien me identifico muchísimo con ella.
- Optimistic, de Radiohead. Una canción poco conocida de su disco más raro, pero me encanta.
- Que Te Follen, de La Cabra Mecánica. Casi cualquiera de los inventos de Lichis me valdría.
Pero se me quedan decenas en el tintero.

5. Cinco personas que tendrán que recoger el testigo y poner el mismo post:

Lo dejamos en el tablón y que lo conteste quien quiera, ¿vale?


1.6.05

Simulacro

Viene por lo menos una vez al mes, empujando la silla de ruedas del chico. El muchacho tendrá seguramente sobre los diecisiete años, la boca entreabierta y la mirada perdida. Su madre le viste con la ropa que lleva el resto de chavales de su edad, con los mismos pantalones, las mismas camisetas, las mismas zapatillas. Ella anda despacio, siempre despacio, empujando la silla roja.

El otro día cuando le serví el café ví la mirada amarga de la mujer, y no pude evitar pensar que en el rinconcito más oscuro de su alma ella sentía que lo que empujaba en su silla no era más que un simulacro de persona. En su expresión cuando limpiaba la cara del chico sólo pude ver resignación, vergüenza y dolor. Busqué en ella desesperadamente el instinto maternal, la historia tierna, la ternura con banda sonora de fondo, la moraleja reconfortante... pero sólo encontré un vacío inmenso.

Y me sentí muy solo.