Ella miraba distraida por la ventana mientras meneaba la cucharilla en el café. Sus ojos seguían hipnotizados el camino de las gotas de lluvia por el cristal y su mente procesaba rápidamente lo que acababa de escuchar.
Mientras caminaba hacia el bar en el que ahora estaba sentada, a paso rápido, pensando en no se acuerda qué, se había cruzado con una pareja. Ni los hubiera visto, pero la chica le susurró a su compañero "mirala a esta, la pobre, que carita tan triste lleva". Esas palabras le llegaron a través del ruido de los coches, de la lluvia, de la gente, nítidamente. Cuando estupefacta, volvió la cabeza, los dos se perdían calle abajo entre la gente.
¿¿Cara triste yo?? ¡¡Pero si no estoy triste en absoluto!!
¿Será entonces que esta cara la traigo de serie? ¿Mi expresión es triste?
En un impulso volvió la cabeza y se fijó en la barra del bar. El camarero estaba solo, secando unos vasos y ojeando una revista. No había más clientes en el bar. Se levantó a pagar el café que se acababa de tomar y mirándolo a los ojos le preguntó "¿tu dirías que tengo la cara triste?" El camarero la miró sorprendido y le contestó "pues no se, no te conozco". "Ya", le murmuró ella, "por eso te lo pregunto, ¿tú crees que la expresión de mi cara es triste?". Él, observandola durante unos segundos le contestó resuelto "Tienes cara de haber perdido algo, cara de estar buscándolo". Ella abrió mucho los ojos, después le regaló una lenta sonrisa y se encaminó a la puerta. Antes de salir le dio las gracias.
En ese momento se cruzó con Octavia, que entraba por la puerta del bar. Al ver la cara de Gusarapo le miró con sonrisa socarrona "¿Qué te pasa?".
"Mmmmmhhhh... Juraría que he ligado...".
Las risas de Octavia le acompañaron hasta el almacén.